El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 
Fotografía: Proporcionada por el autor

Orexia: los desórdenes alimenticios en escena "Reseña"

Por: Camilo Hurtado Niño .

“Se miró la violeta en el espejo y pensó, con un agradable estremecimiento de emoción y pesar a un tiempo, que por segunda vez había cambiado su cuerpo para siempre; que su cuerpo era sólo suyo y podía destruirlo si quería, o cubrirlo con marcas indelebles, o dejar que se ajara como una flor que una niña arrancase por capricho y arrojara luego al suelo “
Paolo Giordano- La soledad de los números primos

Dentro del marco de la invitación realizada por la Orquesta Filarmónica de Bogotá, la cual busca promover la escritura de artículos que aborden el tema del cuerpo danzante y su relación con la ciudaddanzapura.com asistió a Espacio Ambimental, un  centro de producción e investigación en artes escénicas ubicado en el barrio la Candelaria en Bogotá,   para presenciar algunas muestras que se presentaron en este espacio durante el mes de mayo de 2010.  Fue grata la sorpresa cuando supimos que una de las muestras- Orexia- era coreografía de Vladimir Rodríguez, el bailarín y coreógrafo colombiano que  a través de Cortocinesis y sus creaciones personales,  ha oxigenado la escena de la danza contemporánea en Colombia.
Orexia es una pieza que hace parte del tríptico “Libre albedrío” , un proyecto desarrollado gracias a la beca de creadores escénicos  FONCA 2009-2010, otorgada a la bailarina y coreógrafa mexicana Alejandra Ramírez, quien planteó el proyecto que luego fue desarrollado por el cineasta Jorge Wade y  los coreógrafos Miguel Mancilla y Vladimir Rodríguez.  La temática no podía ser más pertinente para la cotidianidad de la danza: los desórdenes alimenticios ( bulimia, anorexia y vigorexia)   y sus implicaciones en la personalidad de los individuos  y en las sociedades contemporáneas.

La puesta en escena de Orexia es sencilla pero magistral, Alejandra Ramírez parece llenar el escenario únicamente con su presencia. Incluso  en los momentos de silencio es fácil escuchar la intensidad de su respiración, que se agita por el evidente esfuerzo físico que exige la pieza.  Durante la obra se ve a la intérprete correr de un lado hacia el otro del escenario, dando la sensación de que estar encerrada, ahogada en un diálogo conflictivo con sí misma. Considero que este efecto de encierro- ahogo está directamente relacionado con el tema de la obra e incluso pueden ser los calificativos más preciso para definir a  las personas que sufren desórdenes alimenticios.

Este monólogo se concentra en el impecable desarrollo de técnicas que hace Alejandra Ramírez,  donde los movimientos son precisos y se ensamblan bien con la temática; se perciben obsesivos, desesperados, incluso neuróticos; lo que  permite que  el espectador se concentre en el trabajo corporal, más que en la inexistente escenografía o en la música que ambienta sutilmente el montaje.
Durante la obra se puede ver la concentración de los asistentes, que cómo en una clase magistral siguen los movimientos y las técnicas ejecutadas por la bailarina durante los 30 minutos que aproximadamente dura la obra. Al final, más que unos aplausos eufóricos,  se percibe una audiencia reflexiva  que comenta sobre la seriedad y el profesionalismo de la muestra, para cerrar con el afectuoso abrazo de Vladimir Rodríguez a su colega de creación.

Sin embargo, la conexión con la obra se da más en la  temática, gracias al buen desarrollo que Vladimir Rodríguez y Alejandra Ramírez le dan a un fenómeno tan complejo como los desórdenes alimenticios. Hablar de este fenómeno a través del cuerpo requiere no solo de una buena capacidad técnica, que evidentemente la tiene Alejandra Ramírez, sino también demanda  un planteamiento teórico estructurado, que pasa por la psicología, la psiquiatría, la antropología  y la sociología; entre otras disciplinas que han explorado y analizado esta problemática.

Desde el principio era claro que esta pieza contaba con un planteamiento teórico concreto, aspecto que desafortunadamente es escaso en gran parte de las creaciones escénicas que se presentan en Bogotá. Tuve la oportunidad de hablar con Alejandra Ramírez sobre su investigación y corroboré que la claridad que se daba en escena no era accidental, sino que obedecía a un proceso de creación colectiva que indagaba sobre la búsqueda de arquetipos ideales, la sexualidad contemporánea y los dilemas alimenticios que se dan en el mundo de la danza.

Durante la charla que sostuve con Alejandra, ahondamos en la discusión sobre los desórdenes alimenticios y el interés de realizar un montaje sobre este fenómeno. Alejandra me narra entonces cómo durante sus años de estudiante y ahora como profesora, ha experimentado la dicotomía que se da entre los cuerpos y los arquetipos creados por  disciplinas de la danza como el Ballet, que como ella dice “recrea el ideal del príncipe y la princesa”, estableciendo así un estereotipo que muchas veces es imposible de reproducir.

En este sentido,  fenómenos como el de los desórdenes alimenticios,  han dejado de ser abordados sólo por disciplinas relacionadas con la salud, para avanzar hacia otras disciplinas que le han aportado perspectivas de análisis diversas que influyen en la  compresión de este fenómeno contemporáneo.

Los estudios realizados por Michel Foucault durante la segunda mitad del siglo XX, abrieron la puerta para empezar a pensar cómo “el cuerpo” y los discursos que sobre él se establecen,   son un escenario de reproducción del poder y de sus estrategias de dominación.  Según Foucault “ El cuerpo está también directamente inmerso en el campo político; las relaciones de poder operan sobre él una presa inmediata; lo cercan , lo marcan , lo doman, lo someten a suplicio, lo fuerzan a unos trabajos, los obligan a unas ceremonias , exigen de él unos signos. Este cerco del cuerpo va unido, de acuerdo con unas relaciones complejas y recíprocas, a la utilización económica del cuerpo; el cuerpo,  en una buena parte, está imbuido de relaciones de poder y de dominación, como fuerza de producción”

Es en esta perspectiva donde creo que se ubica en primera instancia el trabajo de Alejandra y Vladimir, quienes desde el cuerpo y su expresión: representan, debaten y critican las ausencias, excesos y dilemas de la relación entre el cuerpo y las sociedades de consumo propias de nuestra sociedad contemporánea.
Los desórdenes alimenticios pueden ser vistos como una de las tantas consecuencias de la actual sociedad de consumo, que ha construido gradualmente el arquetipo del individuo “bello”; entendido este  como una figura delgada, “sana” y capaz de establecer una disciplina de gimnasio, alimentación ligth  y demás hábitos que puedan ser explotados por el mercado.  Para el caso de la danza y específicamente en el Ballet,  este estereotipo de enfoca hacia la bailarina pura,  delgada y  liviana,  que en escena se ve frágil frente a un hombre fuerte y viril.

Tal como menciona Susana Squarzon al hablar de la relación entre el cuerpo y la anorexia “El cuerpo, para la anoréxica, es esa carga que arrastra, es ese mero objeto que intenta distanciar. La corporalidad es igualada a la pura materialidad, una materialidad que rechaza, así el rechazo se traduce en miedo intenso a la obesidad, pérdida significativa de peso y distorsión de la imagen corporal”

Este es el otro aspecto en el que creo que profundiza Orexia: la relación del cuerpo y el individuo, esta relación conflictiva que va desde la búsqueda de arquetipos ideales hasta la etapa de desaparición del cuerpo.  La exploración detallada de este fenómeno ha mostrado, por ejemplo, que las personas  cambian sus relaciones sociales, aislándose y buscando no relacionarse con otras personas, aspecto que es bien representado en la obra. De igual forma, el divorcio del individuo con su cuerpo se presenta tal y como es, cómo una relación de tensión permanente que gradualmente va tomando dimensiones patológicas y  con el tiempo se vuelve incontrolable. 

En conclusión, Orexia es una obra que articula bien  la temática con la puesta en escena. Es destacable la solides investigativa de la pieza, la técnica expuesta por la bailarina y la  buena asociación entre la intérprete y el coreógrafo.

Presenciar este tipo de obras  nos da  la  oportunidad de hacer un llamado a los bailarines bogotanos y en general colombianos, para que le  den más  importancia a la investigación y al fundamento teórico como un componente estructural en la creación artística. De igual forma, nos permite  llamar la atención de las instituciones estatales y no estatales que buscan el desarrollo de la cultura en Colombia,  para que abran más opciones de intercambio con propuestas de creación artística provenientes de otros países, que creo  enriquece la escena artística del país  y en particular de Bogotá.

Foucault Michel, Vigilar y Castigar: el nacimiento de la prisión. Siglo Veintiuno Editores, México D.F. 1998. Página 32.

Squarzon Susana.  El cuerpo en la anorexia nerviosa. Publicado en Antroposmodermo  www.antroposmoderno.com el  28/04/05.

Politólogo de la Pontificia Universidad Javeriana , Magíster en Antropología Social de la  Universidad Nacional de Colombia . Editor General de la Revista virtual danzapura. com.